Resumo el recorrido realizado en el Otoño de 2021 y 2022 ya que sobre todo, en 2021, fue bastante "denso":
Cascada de Nocedo, Cascadas del río Faro, hayedo de Ciñera, Desfilado de los Calderones, Bavia, Laciana, La Milla del Páramo, San Miguel de Escalada, Santa Maria de Gradefes, Sahagún, Almanza, San Pedro de las Dueñas, Grajal de Campos y San Juan de Baños.
LA MAGIA DEL OTOÑO.
En el otoño de 2022,
desde Llama de Colle en Boñar, donde compartimos un delicioso fin de semana con un grupo de
amigos aficionados a la autocaravana procedentes de diversas provincias,
hicimos una brevísima escapada a varios lugares por donde el año anterior, habíamos
estado.
Cuando comencé a
perfilar el relato pensando en añadir lugares al recorrido por esta zona que
hicimos el año pasado, en noviembre de
2021, me doy cuenta de que estaba sin escribir. Así que casi un año después
intento relatarlo sumando ambos años, pero mi memoria nunca ha sido buena así
que dudo de que consiga recuperar todos los detalles. Pero, me lo debo. Si no,
sentiría como si el blog estuviera más incompleto.
Noviembre de 2021.
(Cascada de Nocedo, Cascadas del río Faro, Hayedo de Ciñera)
Intentaba cumplir un deseo: pasear por un
hayedo cuando el otoño lo reventara de color. Y a eso íbamos.
En años anteriores habíamos aprovechado el
“puente del Pilar” para acercarnos a Asturias, al Parque de Redes y al de
Ponga. En el primero sobre todo, en una ruta que transcurría por un hermoso
hayedo, es cuando formulé mi deseo de visitar uno pero cuando la variedad
cromática superara los verdes y amarillos. Fijé mi jubilación para cumplir este
deseo pero la pandemia lo truncó y tuvimos que aplazarlo hasta el otoño
siguiente.
Pero una vez más, me arrollaron los días que
pasaron sin piedad y desaprovechamos, obligados por unas u otras
circunstancias, un mes de octubre caracterizado por unas cálidas temperaturas y
escasez de lluvias. Y elegimos primeros de noviembre, y justo cuando el tiempo
cambió, llegando las lluvias y el frio.
Ahora,
martes 2 de noviembre, nos encontramos en el área del municipio de Cármenes (42.958517, -5.579144), en la
montaña leonesa al norte de Pola de Gordon en un día desapacible, con lluvias
intermitentes y ahora que ha caído la noche, la temperatura exterior es de poco
más de 4 grados.
Ayer lunes dejamos Boadilla rumbo al norte de
Leon, a Boñar, cuando todos regresaban ya al sur concluyendo el Puente de todos
los Santos. Con dos encuentros curiosos y fortuitos. Primero con mi hermana que
regresaba de Avila a Valladolid y que circulaba 10 minutos detrás de nosotros
por la A6. Cuando paramos a comer, ella nos localizó y coincidimos por unos instantes, no mucho ya
que habíamos pasado el fin de semana juntas.
Pero luego, a 40 km de león nos cruzamos con
nuestro hijo menor, su pareja y su hermano que regresaban de celebrar un
cumpleaños con la familia en la misma capital. Y fuimos capaces de vernos en
fugaces segundos en los que nuestras manos se agitaron saludándonos.
Y entonces acudieron a mi memoria recuerdos de
mi infancia en Santa María del Arroyo, en Avila. Y es que el día anterior hubo
un encuentro casual que me traslado 50 años atrás. Allí coincidí con una vecina
con la que compartimos juegos en nuestra infancia cuando pasábamos los veranos
con mis padres en casa de mis abuelos. Ella, muy joven, fue reclutada por las
hermanitas de la caridad y ha pasado toda su vida cuidando de los ancianos
desamparados. Desde entonces, nunca volví a verla, hasta el otro día que la vi
descender del coche de su cuñado. Tan solo estuvimos unos pocos segundos en los
que nuestras manos se juntaron apretándose con intensidad. Pero pude sentir
mucho. Desencadenó un torbellino de emociones, se abrió un túnel en el tiempo,
breve, intenso, emotivo…
Así que cuando circulábamos hacia león mi memoria fue invadida de pronto por
imágenes de la gente que pobló mi infancia y que ya no estaba. Y repasé los
rostros que poblaron el barrio de mis abuelos en el pueblo, todos, la calle,
entonces de tierra, donde todas las vecinas, con sus vestidos negros, su pelo
blanco peinado en un moño atrás recogido con horquillas, se reunían sentadas en
aquellas sillas pequeñas, bajitas, de madera y anea, a hacer ganchillo. Y
ninguna de esas caras estaba ya. Todas habían marchado, unos antes, otros
después, y la tierra de la calle había desaparecido y era asfalto y en los
huertecillos, el pozo y la tierra despoblada habían crecido casas, naves,
pajares…algo quedaba, pero poco. Ahora habitábamos ese barrio los descendientes
más cercanos, pero no tantos como entonces eran. Y las lágrimas acudieron a mis
ojos cuando fui consciente de que mi niñez la había dejado atrás hacía ya mucho
tiempo, que todos habían partido y allá donde estuvieran me esperarían, que
había dejado atrás mi adolescencia, juventud, edad adulta para estar a las
puertas de la vejez. Sí, vejez, porque antes, a mi edad, pocos sobrevivían.
Pero abandono la nostalgia para abordar el
relato.
Llegamos al área de Boñar cayendo ya la noche. Había dos autocaravanas a la que sumó una camper después. Nos conectamos a la luz y dejamos que la oscuridad nos cercara, cenamos y nos fuimos a dormir.
En la mañana del día 2 comenzó la lluvia,
suave, intermitente, pero molesta. Y nos disuadió de dar un paseo hasta el
pueblo para comprar “nicanores” para Jenny,
la pareja de nuestro hijo, leonesa, que nos dijo que su tío se los traía de Boñar
cuando era pequeña. No nos apetecía mojarnos tan pronto, así que tomamos la
autocaravana y la dejamos en un aparcamiento en el pueblo.
Allí compramos pan pero la fábrica de nicanores
estaba cerrada y nos dirigieron a la gasolinera, donde llenamos el depósito pero igualmente no les
quedaba ninguna caja quejándose de que tardaban días en servirles otras.
Decepcionados pusimos rumbo hacia las hoces de Valdeteja y la cascada de Noceda
y en nuestro camino dimos con una fábrica de embutidos donde sí tenían los
famosos nicanores que por su precio, casi cotizaban en bolsa. Y como nota
adicional, y espero no ofender a nadie, siento decir que no cumplieron mis
expectativas.
De regreso decidimos que como el día no era muy
apropiado para caminar, podíamos disfrutar del otoño desde la autocaravana
circulando por las hoces de Valdeteja.
La carretera se abrió paso entre enormes paredes de piedra discurriendo paralela al rio. En las empinadas laderas pedregosas, se dejaban ver ya los colores de un otoño en todo su esplendor, destacando los amarillos intensos y los rojos, pero aparecían desperdigados aquí y allá.
La carretera era buena, la circulación nula, y
el paisaje hermoso así que decidimos continuar hasta Redituertas donde se
encuentra la senda de las cascadas del
río Faro y allí sería el tiempo el que tomaría una decisión por nosotros.
Una vez en
Redituertas, el cielo no parecía amenazar mucha lluvia. El viento desplazaba las nubes
grises velozmente descubriendo de vez en
cuando retazos de cielo azul. En un momento determinado ese viento sopló con
mayor fuerza desprendiendo hojas de los árboles. Y una lluvia de hojas
amarillas nos rodeó. Empezamos a
disfrutar más intensamente de este otoño.
Como siempre, el paisaje de ida es distinto al
de la vuelta y ahora frente a nosotros teníamos las cimas de otra cadena
montañosa con todos sus colores.
Una vez en la autocaravana decidimos no regresar a Boñar si no dirigirnos a Cármenes donde había un área para autocaravanas que quedaba a 15 minutos escasos del hayedo de Ciñera, objetivo principal de nuestra escapada. Y es que de entre todos estos días caracterizados por lluvia y frio, mañana era donde el pronóstico meteorológico sería más bondadoso.
En poco tiempo llegamos a Cármenes y en el hostal las Nieves pagamos 5 euros por una estancia de viernes a viernes independientemente de si se está un día o los seis. Nos dieron una tarjeta para abrir la puerta de acceso, pero cuando llegamos, la encontramos abierta. Y tengo que decir que la entrada era fea, ya que dibujaba un ángulo de 90 grados lo que nos obligó a hacer maniobras para poder entrar y tenemos solo 6 metros. Otras de mayor tamaño tendrán que hacer más maniobras para acceder.
El área se encuentra a las afueras del pueblo y
las vistas son espléndidas. Y aquí estamos ahora, solos rodeados de la noche y
mecidos de vez en cuando por ráfagas de viento.
La mañana siguiente amanece con una débil y fina capa de nieve que tiñe de blanco el paisaje. Pero solo eso. Así que bajo un cielo encapotado y amenazante de lluvia pusimos rumbo a Ciñera, a su hayedo.
Dejamos la autocaravana aparcada en una calle ancha y a nuestra amiga peluda dentro ya que el tiempo amenazaba lluvia.
Y nos encontramos frente a la entrada de una masa forestal que se extiende detrás de una puerta que atravesamos. Y cuando lo hacemos, parece que entramos en un mundo mágico donde los colores ocres, amarillos, anaranjados, rojos, verdes, marrones…nos rodean por todos los lados creando un entorno casi irreal.
El
otoño ha pintado un escenario de extraordinaria belleza.
Y casi sin darnos cuenta llegamos al final. Se nos ha hecho muy corto.
Regresamos respirando profundamente,
absorbiendo toda la belleza que ofrece este lugar, toda la serenidad que nos
produce.
Siempre me han gustado los bosques de hayas,
pero en otoño…la explosión de color que se produce es de una belleza
sobrecogedora y de difícil descripción.
Ahora,…tendríamos que regresar a la realidad ya
que este pequeño bosque parece salido de un cuento de hadas.
Retomamos el sendero de regreso y durante él, se escaparon algunas gotas de lluvia. Ya en Ciñera nos enternece un graffiti en una pared de una casa que hace referencia a una pareja de abueletes.
Y ahora decidimos regresar a Boñar donde
pasamos la noche.
Y aquí tengo una pequeña laguna de memoria en
el día siguiente. Recuerdo perfectamente que nos encaminamos a visitar las
cuevas de valporquero y en nuestro camino comenzó a caer nieve. En principio no
le dimos importancia y comenzamos a ascender hacia el alto donde se encuentra
la cueva. Pero la nieve no cesó de caer y comenzó a cuajar en la carretera. A
un poco más de la mitad del camino vimos una rampa donde un autobús permanecía
parado en medio y algún que otro turismo empezó a dar la vuelta. La nieve caía
de forma persistente y el gris de la carretera desapareció bajo un manto
blanco. Desconociendo cuando podría cesar
decidimos regresar. Y a partir de aquí
no consigo recordar nada, únicamente que dejamos esta zona y sus “obras divinas” para iniciar un breve
recorrido por las “obras humanas”.
Otoño de 2022. Desfiladero de Los Calderones
La mañana del lunes nosotros decidimos caminar por una garganta para “llenar” el día ya que nuestro objetivo principal era visitar Santa Cristina de Lena después del puerto de Pajares, que nos quedó pendiente de otro viaje, pero, los lunes estaba cerrado así que tuvimos que esperar al martes. Nuestros amigos pusieron rumbo a Oviedo, pero igualmente se sumaron para visitar esta pequeña ermita por lo que decidimos encontrarnos en la recién inaugurada área de Pola de Lena.
Desde Boñar nos dirigimos a la cercana localidad de
Piedrasecha a unos 50 km escasos. Desde aquí parte una senda hacia el desfiladero de los Calderones.
Una estrecha carretera de unos 5 kilómetros nos acerca desde Otero de Dueñas hasta el pequeño
y tranquilo pueblo de Piedrasecha. No presenta mayores dificultades aunque hay
que extremar la precaución sobre todo en su tramo final. Al entrar en la
localidad hay un pequeño y agradable aparcamiento donde posiblemente se pueda
pernoctar. Allí dejamos la autocaravana y nos preparamos para hacer esta
pequeña ruta de no más de 6 km ida y vuelta y con un desnivel escaso, como nos
gustan a nosotros.
Atrás dejamos un manadero y poco a poco el sendero se
acerca a donde se estrecha el desfiladero y justo antes de perderse entre enormes paredes graníticas,
encontramos unas escaleras que ascienden a nuestra derecha y que nos depositan
en una capilla que aprovecha una oquedad en las rocas. El lugar es curioso y hermoso y la
soledad completa.
De nuevo en el aparcamiento donde ya había dos o tres turismos más pese a ser un lunes, nos encaminamos al puerto de Pajares para continuar hasta Pola de Lena con la idea de visitar mañana la iglesia de Santa Cristina de Lena, visita que no hicimos en el año 2017 cuando sí estuvimos en Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo.
La descripción de la visita se encuentra en: https://angeles-asturiasprincipado.blogspot.com/p/entre-tierra-y-agua-de-oviedo-playa.html.
Desde Santa Cristina de Lena pusimos rumbo al Puerto de la Ventana a la búsqueda de fósiles en una mina abierta y de ahí pasamos hacia Asturias donde realizamos al día siguiente un corta senda, la de la Braña de los Calderones, descrita en: https://angeles-asturiasprincipado.blogspot.com/p/la-senda-del-oso-y-somiedo.html.
En Leon 2022. Bavia,
Tomamos la autocaravana para poner rumbo de nuevo al Puerto de la Ventana, y hacia Bavia.
Mi
primera intención fue intentar llegar a la laguna grande, pero la estrechez de
la carretera que se internaba hacia la laguna y ser un día festivo lo que
podría incrementar el tráfico, me hizo desistir. Así que nos dirigimos
directamente a nuestro lugar de pernocta.
Dimos un paseo por esta pequeña localidad donde se encuentra el centro de interpretación, localizamos una panadería de leña para la mañana siguiente y regresamos a descansar. Por la noche una camper suiza nos hizo compañía. Soledad absoluta. Paz. Uno de los mejores sitios en que hemos estado.
En Villaseca de Laciana tomamos una carreterita hasta la cascada de Lumajo. La señal es muy pequeña, tanto, que no la vimos y hasta que no llegamos a Villablino no pudimos dar la vuelta.
Desde aquí, regresamos y en Rioscuro decidimos internarnos en otro pequeño valle siguiendo el curso del rio Bayo que cede sus aguas al Sil.
Atrás dejamos el inicio de la ruta de los Tejos para continuar hasta la Cascada de los Fumos cerca de Murias de Paredes y continuamos un poco más hacia la Cascada del Pozo de la Ollina, pero una vez en la desviación decidimos no entrar ya que además de la estrechez de la carretera el desnivel que anunciaba era considerable, así que dimos la vuelta regresando sobre nuestros pasos y poniendo rumbo a nuestro destino de hoy, La Milla del Páramo, cerca de Leon.
Decidimos circular por carreteras locales bordeando el embalse de
Barrios de Luna que en su parte más cercana a la autovía, contenía un poco más
de agua, pero solo eso, un poco más y desde luego la vista de la parte del
embalse del valle de Bavia es desoladora.
Y llegamos a comer a Carrizo de la Rivera, muy cerca
ya de La Milla. Y esta pequeña localidad tienen una deliciosa área para
autocaravanas, sobre césped y en un lugar tranquilo (42.586430, -5.821902)
donde después de comer, descansamos para dirigirnos sobre las 19 horas hacia La
Milla.
Y tras despedirnos de nuestros hospitalarios
anfitriones y llevarnos parte del producto de su deliciosa huerta, pusimos rumbo a Leon. Decidimos pasear por esta ciudad,
redescubrirla , visitándola de nuevo como hicimos unos 40 años atrás.
Así aparcamos la autocaravana, dejamos a nuestra amiga
peluda dentro y nos internamos por sus calles hasta llegar a la muralla y luego
visitar la basílica de San Isidoro. Pero….nuestro gozo en un pozo, ya que al
estar en restauración no pudimos disfrutar de toda la belleza que 40 años atrás
nos dejó fascinados.
Y no sé cuándo, pusimos rumbo a San Miguel de Escalada después de
nuestro intento de visitar las cuevas de Valporquero.
Y encontramos este Monasterio detrás de una loma, en medio de un páramo que no parece decir nada, pero lo que hay allí es una joya de indudable valor y belleza que conseguimos disfrutar en soledad.
Nuestra guía terminó con un pequeño grupo así que la tuvimos en exlcusiva.
Si el exterior de este monasterio es bonito, el interior es una auténtica maravilla.
El pórtico de la entrada consta de doce arcos de herradura y su interior tiene una planta de tres naves, separadas entre sí por columnas que sostienen bellos arcos de herradura.
A su vez el iconostasio está cerrado a su vez por tres arcos de herradura.
El conjunto es sencillo y armónico y quizás lo más hermoso de todo, sea su interior, austero y luminoso.
Y lo saboreamos, o al
menos, eso intentamos.
Después de la visita a este hermoso lugar, continuamos con una pequeña ruta hacia el suroeste de Leon y que terminaría a pocos kilómetros de Palencia y que nos paseó
por la historia y el arte de esta zona.
En su inicio, nos dirigimos a Santa María de Gradefes, donde pasaríamos la noche en su área (42.623557,
-5.224511).
Y tras instalarnos, nos acercamos a su
monasterio cisterciense.
Lamento no poder dar más detalles de esta localidad, a excepción de la visita a la exposición mencionada que se encontraba en lugares emblemáticos, como la iglesia de San Tirso, románico mudéjar, y la de la Peregrina y que también visitamos.
Desde aquí nuestro recorrido continuaría
por San
Pedro de las Dueñas a escasos cinco kilómetros de Sahagun y que
cuenta con un monasterio
de finales del siglo X y principios del XI con
una de las iglesias más representativas del románico mudéjar comenzado en piedra y acabado en ladrillo y de
cuyo interior nos llamó la atención la labor
escultórica de sus capiteles, de una calidad extraordinaria y entre los que se
encuentra el denominado capitel de las siete monjas.
Continuamos nuestro recorrido hacia la pequeña localidad de Grajal de Campos con interesante patrimonio artístico renacentista compuesto por un castillo, un palacio y una iglesia.
El castillo del siglo XVI es quizás lo más destacable aunque solo es visitable en verano.
El horario de visita del palacio de los Condes de Grajal es de 12 a 14 horas
en invierno y ya habíamos sobrepasado la hora, aunque si pudimos disfrutar de una galería renacentista de tipo italiano que da a la plaza mayor y que era usada para
que los propietarios asistiesen a los actos públicos.
Aunque esta localidad tiene algún rincón más como
una Ermita (la de Virgen de las
Puertas) y un convento, nosotros nos limitamos a pasear por sus solitarias calles y partir, no sin
antes haber comprado fruta a un vendedor ambulante que se detuvo junto al
castillo. Mencionar la encomiable labor social que estos comerciantes hacen en
estos lugares despoblados al realizar
indirectamente un “control
rutinario” de sus clientes de mayor edad.
Y después de una mañana tan tan intensa, nos acercamos a dormir al área de Villada (42.255199, -4.964870) pequeña y coqueta, pero más que suficiente.
Nuestro recorrido terminaría mañana con la visita a la localidad palentina de Baños del Cerrato, a unos quince kilómetros de Palencia y que bien
merece la pena un desvio para disfrutar de su belleza.
Noche tranquila y mañana espléndida. Pusimos
rumbo a nuestro último destino.
Esta sencilla basílica de modestas dimensiones, es el monumento más representativo de arte hispano visigodo y está considerada como la iglesia en pie más antigua de España y fue construida y consagrada en el año 661.
Según la tradición, su
edificación se debe a la voluntad del
monarca visigodo Recesvinto, quien tras aliviar sus problemas nefríticos en las
aguas de su manantial decide consagrar un templo a San Juan Bautista en
agradecimiento.
Y nos sorprende una vez más su austeridad y gran belleza. De tipo basilical de tres naves, mucho mayor la central que las laterales y de altura aproximadamente el doble que la anchura, separada por cuatro arcos de herradura sobre columnas cilíndricas, posiblemente reutilizadas de algún monumento romano. Los capiteles sorprenden por su sencillez y belleza.
Y después de esta visita que puso el broche
final a nuestra escapada por tierras leonesas, pusimos rumbo a casa.
En Boadilla del Monte, noviembre de 2022
Mª Angeles Del Valle Blazquez
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